Aquí todo es pequeño, menos las historias.

Actos violentos en contra de las mujeres han existido siempre, pero con el tiempo se han vuelto más crudos, más crueles, más inmediatos, más cercanos. La pandemia ha venido a demostrarnos lo que ya sabíamos pero que ahora es más evidente: para demasiadas mujeres y niños, quedarse en casa, lejos de ser seguro, es sinónimo de quedarse encerrados con su abusador. Ya no podemos, aunque a veces tengamos muchas ganas, voltear a otro lado para no ver la realidad que nos duele, nos indigna y nos aterra.

 

Te quiero viva es un proyecto que nace de la impotencia porque nosotras, como muchas mujeres, quisiéramos poder cuidar a las nuestras y a las otras y a todas. Quisiéramos, aunque sea, poder cuidarnos a nosotras mismas, poder asegurarle a nuestros padres, hermanos, hijos o parejas que volveremos a casa después de la escuela o el trabajo, pero no podemos; salimos a diario y nos despedimos sabiendo que podríamos no volver jamás o, peor aún, volver dentro de una bolsa negra de plástico.

 

Por eso Te quiero viva es un grito de auxilio, pero también de exigencia. Queremos estar vivas y que las otras estén vivas y que todas estemos vivas, porque la vida debiera ser el primer derecho de cualquier ser humano.

 

Las autoridades nos han abandonado y la sociedad está inundada de prejuicios e impotencia. ¿Qué nos queda en medio de la tragedia para sobrevivir sino el arte? La literatura nos ha salvado de la realidad ya otras veces, y esta no tiene por qué ser una excepción.

Te quiero viva reune las palabras de mujeres y hombres que reclaman, que lloran, que exigen, que retratan, que denuncian, que develan una realidad tan ineludible como incalculable. Será, más que un libro, un ramillete de historias femeninas dolorosas, tristes, con moretones, sangre, semen, saliva, alaridos, silencios aterrorizados, secretos y mentiras.

 

Porque todos tenemos una historia que contar, una que necesitamos expulsar porque en el fondo de nuestros más inocentes deseos, quisiéramos que vomitarla sirviera para que no volviera a sucederle a ninguna otra mujer nunca más.

  • A mí una vez me dijeron que lo que valía de mí era mi cuerpo.
  • A mí me dijeron que si no era virgen no valía nada.
  • A mí nadie me creyó que un tío abusó de mí cuando yo tenía 5 años.
  • A mí me empujaron.
  • A mí me gritaron y humillaron.
  • A mí me quemaron con un cigarro porque no quise tener relaciones sexuales.
  • A mí me dijeron puta.
  • A mí me hicieron pensar que nunca haría nada importante, que eso era de hombres.
  • A mí me golpearon hasta romperme los huesos.
  • A mí me quitaron a mis hijos porque no tenía dinero para pagar un abogado.
  • A mí me tocaron en el metro y nadie me ayudó.
  • A mí me obligaron a ver pornografía y a masturbar a un amigo de mi padre a los siete años.
  • A mí me violaron en la micro, el MP me dijo que a la próxima no usara una falda tan pegada.
  • A mí me dieron una nalgada y cuando quise defenderme la gente me miró como si yo fuera una loca.
  • A mí no me dieron el trabajo porque las madres damos muchos problemas.
  • A mí me robaron a mi hija para prostituirla en la frontera.
  • A mí me mataron y me descuartizaron… necesito que alguien cuente mi historia.

¿A ti, cómo te han lastimado?

¿Quiénes somos?

Antes de ser editorial, comenzamos como Té de Querer, una comunidad de escritura donde enseñamos a las personas a conectar con su emociones y utilizarlas como materia prima para la creación artística.  Conforme fuimos evolucionando, nuestros cursos se volvieron más técnicos y los trabajos de nuestros alumnos tomaron mayor profesionalismo. Descubrimos que en nuestra mesa había gente talentosísima con cosas importantes que decir e historias que era necesario contar. Así nació la necesidad de convertirnos en Editorial TDQ, un lugar donde las nuevas voces de la literatura tuvieran un espacio seguro para compartir sus creaciones. 

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